Mi travesía con la música comenzó en la tierra que me vio nacer, Venezuela. Fue allí donde mi alma se encontró por primera vez con «El Cuatro», un instrumento que mi padre, en un acto de amor y sabiduría, me regaló y me enseñó a tocar.
Las cuerdas
Los primeros acordes que brotaron de aquel instrumento fueron como semillas plantadas en el terreno fértil de mi corazón, germinando un amor que se arraigaría profundamente y crecería con el paso del tiempo. Este amor se transformó en una pasión ardiente cuando descubrí la guitarra. Aquella fiel compañera, confidente de mis sueños más íntimos, me inspiró a soñar con compartir mi música con el mundo. Las seis cuerdas de la guitarra, como seis senderos distintos, me guiaron hacia el vasto y misterioso mundo profesional de la música.
El Sistema
Mi camino hacia la profesionalidad se desplegó gracias a El Sistema, un programa venezolano que, como un faro de esperanza, guía a los jóvenes hacia la integración social a través de la música. Allí, en ese crisol de aprendizaje, descubrí el lenguaje universal de la música y las técnicas del canto, herramientas que me permitieron sumergirme en el mundo del canto coral. Fue en ese momento, al unir mi voz con la de otros, cuando vislumbré la verdadera alegría de la música: la capacidad de crear una sinfonía de emociones y experiencias compartidas.
El piano en mi vida
El piano en mi vida se materializó gracias a mi padre, un virtuoso de las teclas que me mostró los fundamentos de este majestuoso instrumento. Pero fue años después, cuando me aventuré a explorarlo por mi cuenta, cuando me enamoré profundamente de su resonancia. El piano me abrió un portal hacia el blues y el jazz, y me presentó al inmortal Ray Charles, un ídolo que admiro profundamente. Sin embargo, la vida, en su constante flujo de altibajos, me presentó un desafío inesperado y me encontré alejándome del piano y de la música.
Las decisiones difíciles
La decisión de alejarme de la música fue una elección ardua, impulsada por experiencias negativas y una inmadurez que me nubló el juicio. Fue la primera vez que me separé de ella, perdiendo una gran oportunidad. A pesar de estar en El Sistema, una audición fallida fue suficiente para hacerme dudar de mi habilidad como músico. Esta experiencia me desmotivó hasta el punto de abandonar la música.
Pero la música, al igual que la vida, es resiliente y, después de un tiempo, volví a ella. Esta resurrección musical ocurrió en un lugar inesperado: Lima, Perú. A pesar de los desafíos, encontré una nueva oportunidad para explorar mi pasión. Compré un teclado y me dediqué a perfeccionar mi técnica, con la esperanza de abrir un nuevo camino hacia la composición y la producción musical. Sin embargo, la vida, con sus altibajos, siempre tiene una forma de cambiar nuestro rumbo.
Finalmente, tuve que vender mi teclado. Fue un golpe duro, pero no el final de mi historia musical. Ahora, solo tengo una guitarra que compré a un amigo y apesar de los obstáculos, sigo adelante, practicando cuando puedo y creando cuando la inspiración me visita.
Aunque el camino ha sido difícil, mi amor por la música sigue intacto, como una melodía que resiste el paso del tiempo. Mantengo la esperanza en el futuro y en las melodías que aún están por ser creadas. La música es mi pasión, y seguiré luchando por ella, sin importar las circunstancias.
Porque al final, no importa cuántas veces la vida nos haga cambiar de instrumento, la música siempre encontrará la forma de resonar en nuestro corazón. Y así, con cada nota que toco, cada melodía que creo, sigo escribiendo mi sinfonía de vida, una sinfonía llena de esperanza, perseverancia y amor inquebrantable por la música.
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